Niño, que al pensarte un día
me dibujaste una sonrisa,
pero, tus pies, sin huellas
nunca encontraron el
camino a mi vientre,
dejandolo solo , seco
vacio, y sin fe
en sus paredes huecas,
ecos de risas, que no llegaron a ser,
mis manos no te acunaron
y mi voz, no te cantó,
de mis labios desolados
nunca un consuelo brotó
duelen los brazos, los pechos,
y las lagrimas de sal
que brotan como cascadas
al saber que no vendrás
no te conozco, y te extraño,
añoro tu tibio olor,
esa ternura en tu boca
que nunca dirá
mamá.
Pato
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