domingo, 26 de junio de 2011

Uno de tantos

La risa que me provoca
ver tu lejano orgullo.
Que te viste , como escudo,
contra la furia del llanto.
Te protege y te abriga
de querer ser hombre entero,
dejándote de rodillas ,
Frente al altar del miedo.
Mea culpa, decretada.
En el infantil ,
ceño, sin llama
lavando en el llanto ajeno
los limites de tu alma.
Que se deshoja en ternuras,
para oídos desolados,
que antes que a ti,
escucharon,
a miles desamparados.
Pero al saberte, indispensable,
y cuidado,
Frotas tus miserias
 y tu enfado.
Mientras tus manos,
mezquinas,
se entrecruzan al pasado.

Pato

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